El latín es una lengua indoeuropea de la rama itálica, hablada antiguamente por los romanos; a partir de la evolución de su versión vulgar surgieron las lenguas románicas que sobreviven hoy en día.
El Imperio romano era la garantía del mantenimiento del latín en su versión clásica; con la caída del Imperio romano, la lengua de la calle aceleró su evolución y pasó al estadio que denominamos latín vulgar, que fue cambiando hasta formar las lenguas románicas actuales.
Por otro lado, el latín clásico se mantuvo como lengua de cultura en Europa durante muchos siglos. La mayoría de las lenguas europeas, sobre todo las románicas y el inglés, han incorporado mucho vocabulario directamente del latín clásico, especialmente para términos de uso técnico.
El latín también se mantuvo como lengua de culto de la Iglesia católica hasta el Concilio Vaticano II; hoy en día no hay hablantes nativos de latín, pero es el idioma oficial del Estado de la Ciudad del Vaticano, donde se estudia y se utiliza. Es incorrecto decir que el latín es una lengua muerta, porque esta no se ha extinguido, sino que ha evolucionado en otras lenguas.